Dios no cree en vos.

No puedo ir a la Iglesia , seis años en ese colegio de curas y nunca pude pasar una misa sin calentarme. Me volvía loco, me calentaba la idea de  coger en el altar y que me miren, monjas oprimidas, que se retuerzan en su fe, viendo como mando todo al carajo; yo solo, sin dios, solamente yo y mi pija y todo se va al carajo al frente de sus ojos.
Ellos saben lo que pienso, están quietos pero escuchan el eco en mi cabeza, no son solo estatuas, tiemblan bajo el disfraz y están pendientes de un paso en falso para maniatarte con sus discursos de pecado y represión. Pero mi gracia excede la de cualquier ángel, no me importa que se rían si me ven llorar y arrastrarme ante la puerta de esa jaula cuando pretenden eyacular agua bendita en mi frente, no me importa yo estoy adentro y la tengo dura, no pueden borrar lo que pienso, ni bajarme la pija ninguna paja mental les va a funcionar conmigo.

¡Santa Maria madre de Dios, ruega por nosotros pecadores!





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