Punto seguido


Cuando el bar quedaba vació, incompleto y aun se sentían los ecos de las risas, estabas ahí inexorable, seguías siendo mi abrigo.
Y después de que el Sol se empecine en abollarme la cara volver con la frente marchita como la Gata Varela a los encuentros entre pastillas y colombiana; espero (siempre espero y tiemblo) que al final de la línea me choque con tu nariz.
Me quedo quieta, debajo de las sábanas para que no me encuentren respirando, compulsiva y obstinadamente respirando; tu cara se está descomponiendo y yo al lado tuyo vomitando los poemas más selectos, rellenando tus cicatrices con besos fríamente incubados para volver al letargo de pensar con un cerebro ajeno.

“Despabilate amor que el horror amanece"



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